martes, 24 de marzo de 2020

RECUÉRDAME

Estaba allí, estirada en la arena, notando como cada ola fresca del mar llegaba un poco más allá de mis rodillas, y se volvía hacia el mar. Estaba tumbada hacia arriba contemplando ese precioso cielo de verano al atardecer acompañado por unos pájaros que volaban a lo lejos, quién sabe dirigiéndose hacia dónde. 

Me medio levanté de tal forma que estaba sentada con las camas alargadas y con las manos detrás de mi espalda sujetándome para no tirarme atrás. Y me quedé durante un buen rato simplemente contemplando cómo una maravillosa y enorme esfera amarillenta se escondía detrás de ese mar de agua celeste. Cuando el sol se puso ya, me giré con la barriga en la arena y me volví a estirar mientras, a unos cincuenta metros, contemplaba la casa de la playa. 

Una casa con un color azulado veraniego hecha de madera y con un porche en el que mi abuelo, desde ya hacía horas, se había quedado dormido en una silla mientras se balanceaba suavemente. A través de un gran ventanal de cristal podía ver cómo mi madre se había instalado en la habitación de lectura con un café calentito y cómo se sumergía libro tras libro en esas "extrañas historias", como decía ella. La habitación de lectura estaba formada por un par de sillones y un sofá “vintage”, y al fondo,  unas grandes paredes con estanterías de madera llenas de libros. Aunque la casa de la playa no era demasiado grande, cuando entrabas en esa sala con estanterías tan altas, te daba la sensación de que sí era grande. 

Cuando estaba allí tumbada creo que me dormí, porque no recuerdo demasiadas cosas pero sí que estuve allí durante mucho tiempo. Cuando me desperté vi que debajo de unas enormes palmeras al lado de la casa había algo fuera de lo normal. Me acerqué y vi una cajita dorada bordada con flores preciosas y cristales muy bonitos.

La abrí. Costó un poco porque era bastante vieja, se veía que llevaba mucho tiempo allí sin que nadie le hiciera caso o sin que nadie la viera. Cuando la abrí vi una flor marchitada y muy seca con una nota pegada a su tallo que decía “para Laura”. Al lado de la florecita había doblado un papel arrugado y sucio. Lo abrí y lo leí mentalmente: 

“Tu pelo es fuego invernal, tu voz es un canto angelical, y cuando yo a ti te veo, no sé cómo explicarte lo que siento” Juan Miguel 

-... Juan Miguel....¿Juan Miguel?

Cogí la caja con la nota y fui corriendo hacia la casa de la playa en búsqueda de mi abuelo. 

-¡Abuelo, abuelo despierta!-Le dije sobresaltada y con curiosidad. 
-Ay, hola cariño,¿que quieres?-Me dijo medio dormido aún. 
-¿Reconoces esto?-Entonces le enseñé la nota y la cajita 
-Uau, sí. Hacía mucho tiempo que no veía eso. 
-¿Lo escribiste tu abuelo? le pregunté con aún más curiosidad 
-Sí, se lo escribí a tu abuela cuando nos conocimos- Me explicó- Fue hace mucho tiempo, cuando tu abuela y yo nos conocimos, de jóvenes, éramos muy buenos amigos. Un verano la invité a venir a la casa de la playa con mis padres, y los suyos claro, y aceptaron. Un día, durante un atardecer como éste le dediqué este poema, ya que desde que la conocí siempre me había gustado mucho. Me volvía loco su pelo pelirrojo precioso y su maravillosa voz al cantar. Entonces ella y yo decidimos enterrar eso allí para cuando fuéramos mayores , ir a desenterrarlo, pero antes de que eso pasase ella falleció, y nunca pudimos recuperarlo. 

Me alegro mucho de que lo hayas encontrado tu, Cristina. La verdad, espero que cuando seas mayor te puedas casar con un buen hombre y que os lleguéis a querer tanto como yo quise a tu abuela.

Me quedé un momento sin aliento, entonces lo abracé sin decir nada, y los dos empezamos a llorar.

Anna Cantín
2do B ESO


lunes, 23 de marzo de 2020

COLOR AVELLANA

Esa cerúlea inmensidad hacía que yo me sintiera más pequeña de lo que era. Solo pensaba en sus ojos color avellana, que me abandonaron hacía ya unos largos tres años. No lo podía soportar más, así que decidí ir donde la tierra se acababa. 

Cuando llegué, solo quería lanzar mi vida hacia la más profundidad azul, hasta que… Llegó. Una chica, joven, su pelo era de oro puro y ojos más negros que la noche, me alargó la mano para que yo la siguiese. Estaba confusa, pero al final acabé alargando yo también mi mano hasta la suya.

-¿Qué hace una dama tan hermosa en ese acantilado tan vertiginoso?- me preguntó. -No puedo soportar más esa gran pérdida…- le respondí, con los ojos a punto de estallar en lágrimas.

-Ven conmigo, si quieres. Te llevaré donde la tristeza no llegaría jamás - me respondió con una voz atenta y agradable. Esa voz dulce, me recordaba con gran tristeza, a mi quillotro, el chico que años atrás se separó de mí.

-Sólo quería deshacerme del dolor que lleva ya tres años matándome por dentro- cuando terminé esta frase, sin más dilación, me lancé al acantilado y el dolor desapareció para siempre.

La chica que intentó rescatarme de las manos del gran abismo, se quedó sin aliento. Más triste estaba ella ahora. Acababa de contemplar lo inevitable:  perder lo que te da energía. Habiendo pasado esa tortura, mi alma estaba más viva que nunca. Ese peso y ese dolor ya habían desaparecido. 

Volví a encontrarme con el chico de ojos avellana, mi más preciado tesoro...  sentía un amor inimaginable hacia él. Hablamos. Era muy extraño, nos observábamos mútuamente, sin necesidad alguna de esas esferas que te permiten hacerlo. Por una vez en esos tres crueles años, hallé el amor eterno y profundo.

Mar Fontàs
2do A ESO




EL REENCUENTRO

Ocurría en los años cuarenta, pasada ya la guerra civil, donde muchos perdieron a sus seros queridos. Era una primavera fría, los almendros florecían tarde debido que aún quedaban restos de nieve en los picos de las montañas. Me llamo Miguel, vivo alejado del pueblo, en una pequeña casa, con mi huerto del que me alimento de mis cosechas para poder vivir. 

Después de la guerra vinieron tiempos muy difíciles, y sobreviví como pude. Me angustiaba mucho recordar aquellos fatídicos días en que mi vida cambió por completo, alejándome de mis seres queridos y de Antoñín, mi amigo, mi compañero de juegos.

Una vez regresé a Sigüenza, mi bello pueblo, me causó un dolor de estómago sólo ver las puertas cerradas las casas que de pequeño le habían visto correr con su amigo Antoñín, esa calle empinada donde les dos habían hecho mil trastadas. Cerró los ojos y aún podía oír esos gritos de niños inocentes corriendo por esas calles de polvo.

Sólo necesitaba ese abrazo de consolación, sería la mejor medicina después de lo vivido durante esos días de guerra.

Anhelaba ver esos ojos azul añil, esa sonrisa, oír esa voz alegre y campechana.
Recorrí con los ojos cerrados esas calles, mis pasos cada vez eran más rápidos, por fin llegué. La casa estaba muy deteriorada pero no perdía la esperanza, llamé, esperé, volví a llamar, hasta que de pronto vi una silueta humana que andaba muy lentamente. Pude distinguir esos pasos que se arrastraban. Esos ojos no eran el azul, la sonrisa estaba apagada y la voz muy débil. 

Antoñín se percató de mi presencia, nos pudimos abrazar, tocarnos y decidimos no hablar de lo duro que fué nuestra separación durante la guerra. Decidimos volver a ser esos niños ya adultos de Sigüenza.

IGNASI PUIGMARTÍ
2do A ESO

NO QUIERO DESPERTAR

Cuando estoy con ella, parece que mis acciones están siendo guiadas por las estrellas, mientras mi mente escapa a un mundo que aún desconozco, en el que vuelvo a nacer. Mis pies me guían hacia el camino a la libertad y mis manos acarician la suave melena de esa extraordinaria criatura, que solamente está presente en mis sueños.
Tres años atrás, mi vida daba vueltas en círculos interminables. Parecía que cada día era el mismo que el anterior, sin sentido alguno, sin nada por lo que luchar. ¿Quién diría que ese muchacho admirado y querido por la gente que le rodeaba y apuesto cómo una rosa podría tener un vacío tan vasto en su interior? En una fría noche de invierno la conocí. 
Adentrado en un profundo sueño, solamente mostrando oscuridad, una sombra acarició mi rostro. Sentí como un pequeño escalofrío recorría todo mi cuerpo y, tentado por el misterio de la ocasión, me dejé guiar por ese dócil enigma. Me llevó a un bosque, lleno de las flores más bellas que mis ojos habían contemplado jamás. Al llegar a nuestro destino, ella se giró, y mis ojos se clavaron en los suyos. Tenían un color verde intenso y la clara luz de los rayos de sol recortados por los árboles mostraban unos pequeños destellos azules. Nos miramos mutuamente durante un par de segundos, y ella tomó la primera palabra. “Deberíamos presentarnos, ¿verdad?”. Me dijo su nombre. Se llamaba Ayla y me contó que su nombre significaba “luz de luna” en turco. Sus gestos me fascinaban. Se movía con una delicadez y elegancia admirable, y su largo vestido blanco bailaba al ritmo del viento. Después de unas horas que pasaron como minutos, una fuerte luz me despertó de esa fantasía. “Hasta pronto” me dijo, mostrando la sonrisa más sincera que una persona, si era el caso, podía mostrar. 
Desde ese día, Ayla ha seguido apareciendo en mis sueños. Un día, me llevó a ver un hermoso atardecer en la cima de una montaña, en la que le conté mis pesares: la escuela, la muerte de mi hermano menor, la presión que sostenían mis hombros en dar una buena impresión a la gente… Ella me comprendía. Ya me percaté de que ella solo era una ilusión que mi mente producía, pero me hacía sentir bien. Con ella, parecía que el mundo no daba vueltas. Al principio, me preguntaba cómo me podría haber enamorado de una persona inexistente, que tan solo era una metáfora que mi mente había creado, cómo una señal que no conseguía descifrar, pero a medida que los años pasaban, comprendí que tal vez, ella era mi refugio.
Tal vez, algún día te conoceré, te comprenderé e intentaremos entender esta peculiar forma en la que nuestros destinos se cruzaron. Tal vez eres mi destino, o puede ser que nunca te llegue a ver en el mundo real, y que sigas siendo un producto de mi imaginación. Si algún día ya no me acompañas en otra fantasía, recuerda que en mi corazón siempre habrá un hueco reservado sólo para la dulce muchacha de mis sueños.
Ariadna Burillo
2do A ESO


viernes, 15 de noviembre de 2019

YA HEMOS GUARDADO EL FLOTADOR

-¡Hola a todos! Estamos aquí de nuevo, ¡en vuestro programa preferido! Como ya sabéis, hablamos con personas que tuvieron que superar algún obstáculo, y hayan podido guardar el flotador. Nosotros hablamos de guardar el flotador, porque, los flotadores en invierno no sirven para nada, y se tienen que guardar, lo mismo con las enfermedades, tienen que marcharse, hay que superarlas, ¡pero no tienen que volver en invierno!

Hoy hablaremos con un invitado muy especial, ¿que flotador ha guardado él? Ahora nos lo explica ¡que entre Carlos!
-¡Hola a todos! Yo soy Carlos y tengo diez años. Estoy muy nervioso y emocionado de estar delante de este programa.
-Nosotros también estamos muy contentos de tenerte. ¿Nos podrías explicar qué flotador has guardado?
-¡Claro! He tenido mucha suerte con la familia que me ha tocado, han tenido mucha paciencia conmigo. Hace poco tuve un problema que todos ya debéis conocer, la obesidad. Es un problema físico, sí, muchas personas se reían de mí, pero también hay consecuencias “internas”. Podía tener enfermedades con más facilidad. Para apoyarme, mis padres me ayudaron a hacer mucho deporte, que primero no lo podía resistir, pero al final, cuando ya lo pude soportar, ya había adelgazado. Me acostumbré a hacer deporte y a comer bien, y espero no volver a verme con ese problema.
Ahora me siento mucho mejor, y ya no se ríen de mí.

-Muchísimas gracias por compartir con nosotros esta gran historia, esperamos que, la audiencia y toda la gente, hayan aprendido de ti, con mucho esfuerzo todo se consigue. Para despedirnos, ¿podrías decir la frase porfavor?
-Yo ya he guardado el flotador, ¿y tú?

Mar Fontàs
2ndo A  ESO

EL PLÁSTICO

Edu, un niño de trece años, con el pelo negro y liso y de ojos de color miel, entró aquella mañana de sábado intensamente soleada en el Bazar de su barrio. ¡Madre mía! Aquello parecía su habitación antes de que, claro, como cada día, su madre le dijese que dejase los videojuegos y que la ordenara.
Entre todo aquel caos de cosas y más cosas, Edu esperaba encontrar un flotador para ir a la playa a refrescarse un poco, porque era verano y todavía no le había llegado el aire acondicionado. 

Estuvo una hora buscando, y al final lo encontró. Ahí estaba, una caja con una foto de un flotador blanco con rayas verdes, la cogió y de repente se vio flotando en el mar en su nuevo flotador. El flotador se le pinchó, en ese momento se empezó a hundir en el agua, y a medida que se iba hundiendo, vio a animales con plástico en el cuello, en las aletas, … Y cuando llegó al fondo, vio que todo estaba lleno de basura y justo debajo de sus pies, estaba su flotador.

De repente, oyó una vocecita de fondo y “despertó” de su “sueño”. Era un anciano. El dependiente de la tienda que le preguntaba si necesitaba ayuda. Edu, con mucho respeto, le dijo que no, que ya se iba, guardó el flotador en la caja y lo dejó. Justo antes de salir de la tienda, vió en la tele del Bazar que estaba hablando Greta, Greta Thunberg. Estaba diciéndoles a todos los políticos del mundo que cómo se atrevían a quitarle el futuro a ella y a todos los jóvenes del mundo, contaminando aire, tierra y mar, que cómo no se avergonzaban de sus sucios actos. 

En ese momento Edu reflexionó, y dijo en voz alta: -Greta, yo guardé el flotador en su caja, no lo compraré, no lo usaré, y no contaminaré-. Esas fueron las palabras de Edu, y desde ese día, no volvió a usar plástico.
Nil Francesch
2ndo B ESO


EL CAMPAMENTO

El fin de curso no se presentaba bien para Oliver. Entre las partidas interminables de Fortnite y las largas conversaciones por WhatsApp con sus amigos, había dejado de estudiar, malgastando su tiempo. Al ver sus notas, su madre, muy triste, decidió que lo mandaría a un campamento sin internet. A Oliver le habría gustado ir a la piscina, para presumir de su nuevo flotador que imitaba un arma de Fortnite.

De mala gana, Oliver llegó al campamento y se sorprendió al ver que no tenía tan mala pinta como se imaginaba. Había niños y niñas de su edad y monitores que repartían al horario con actividades para cada grupo organizado. A Oliver le tocó el grupo de “JUEGOS DE CARTAS”. El monitor les dijo que jugarían Kems contra Kems y les explicó cómo se juega: consistía en formar grupos o parejas e intentar emparejar las cartas. Decir una contraseña y cuando alguien del grupo la utilizaba, significaba que había hecho parejas con las cartas.

Los adversarios tienen que estar atentos a cualquier gesto. Una vez hechas las parejas, Oliver y su compañero decidieron una frase como contraseña y empezó el juego. Pasaron unos minutos y Oliver empezó a explicar:
- Como este año no voy a la piscina, he tenido que guardar el flotador para el año que viene…

Rápidamente, su amigo captó la frase y ganaron. Así Oliver, comprendió que se puede vivir sin móvil, ordenador ni televisión y que te lo puedas pasar hasta mejor.
Emilia Tudorache
2ndo A ESO