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sábado, 11 de febrero de 2017

LA VIDA ES ORO


Hay momentos en la vida que nos pueden parecer desastrosos, pero son esos momentos los que muchas veces nos hacen reaccionar. Quizás parezca que está todo mal, que solo tienes aquello contrario a lo que pretendías tener, ves que a otras personas les va mejor que a ti, que ellos sí consiguen lo que quieren. Esos son momentos que solo nos deben valer de impulso para seguir luchando por todo eso que tú crees que te hará, feliz, que rendirse no es una opción y que llorando y lamentándote, no conseguirás nada. 

Debes saber que la felicidad no puede depender de una persona que no seas tú. Debes ver que si consigues llegar al final, ha sido por tu esfuerzo, pero que no por ello debes sentirte superior a personas que no lo han logrado aún, porque a veces el mejor no es el que llega antes a la meta, sino quien ha disfrutado por el camino. También lloró, pero a pesar de haber tropezar con mil piedras sigue adelante sin rendirse. Por el camino habrá tramos y tramos; algunos fáciles y otros complicados… con muchas cuestas por subir; pero no importa cuánto tardes en llegar a la cima de una montaña, si al final lo logras. 

Quizás tu vida te parezca desastrosa, pero no eres la única persona quien lo piensa; quizás eres tú quien está de patas arriba mientras tu vida continúa con los pies sobre la tierra. Es más, aunque tengas un desastre de vida, es uno de los mejores momentos que te reconcilian contigo mismo. Cada tramo solo define un nuevo punto de partida, un punto de reflexión en el que ves que haces mal, y es ahí donde una persona se va haciendo más rica. No hace falta dinero, serás una persona cada vez más completa y luchadora, acabarás por comprender que si algo quieres, algo te cuesta. No todos llevamos el mismo ritmo de vida, que no importa las veces que caigamos sino que continuemos y algo de verdad importante, es la confianza en ti mismo.

Esa confianza que no puedes perder de vista y que no puedes olvidar ni un solo segundo al fin y al cabo es una de las grandes claves de la felicidad. Aunque las cosas salgan mal, confía en que puedes, y podrás.

Vero Pinilla
2n A ESO 

 

martes, 29 de noviembre de 2016

EL PASADO

La persona que he escogido es muy importante en mi vida, pero por desgracia no pudimos estar todo el tiempo que teníamos pensado para estar juntas. Lleva conmigo prácticamente toda mi vida donde me ha ayudado en todo, donde se despertaba por las noches para calmarme el llanto y al día siguiente tenía esas típicas ojeras que parecía que no había dormido en días, donde me ayudaba por las mañanas ha escoger un conjunto mono y bonito para ir al colegio, en fin, para todo. 

Ella era una mujer de 47 años, con el pelo de una mezcla de un color rojizo claro y algunos mechones rubios, su corte de pelo era por encima de los hombros fino, liso y suave. Sus ojos eran pequeños con pestañas cortitas y su color era de un marrón oscuro y profundo con un pequeño toque de verde. El tono de su piel era muy clarita, así, cuando estaba resfriada lo sabíamos por sus mejillas sonrojadas acompañada de su nariz pequeña y puntiaguda. Los labios eran largos y finos, perfectos para esos besos de buenas noches. 

Ella tenía un carácter fuerte y decisivo, cuando ella quería alguna cosa lo lograba costase lo que costase, a veces era un poco cabezota y muy difícil de hacerle cambiar de opinión, en todo quería tener la razón aunque no la tuviese, por eso cada vez que pasaba algo así mi padre y yo nos callábamos y asentíamos a todo lo que decía. 

Con las personas era abierta y era una mujer de muchas palabras, pero tenía un defecto y era que casi nunca decía lo que sentía, pero eso si, se preocupaba mucho por los demás, siempre estaba pendiente de que todos estuviéramos bien. 
Vero Pinilla, 2nA

 

lunes, 24 de octubre de 2016

MI AMIGO

Me llamo Rubén García y tengo 14 años. Muchos dicen que soy un chico bastante raro y friki. Tengo el pelo rubio muy oscuro peinado hacia arriba, unos ojos marrones profundos, pero con un toque de verde, la cara sana y sin granos por suerte, soy bastante alto para mi edad, de carácter soy tímido y cerrado con las personas por eso me cuesta hacer amigos. Vivo con mi hermana pequeña de tres años y mis padres. 

A partir de los seis años mis padres me notaban raro y más cuando me escuchaban hablar solo por las noches, entonces un día me llevaron a un psicólogo y fue allí donde supieron que tenía esquizofrenia. Desde ese día tenía que ir al psicólogo todas las tardes de lunes y viernes. 

Un verano nos fuimos de vacaciones a Almeida (Portugal) y allí conocí a un niño de mi misma edad de siete años. Me dijo que se llamaba Floty, sí, extraño nombre. Era un poco más bajo que yo, su color de pelo era un marrón muy intenso y llevaba un flotador de pato alrededor de su cadera. Faltaba poco para terminar las vacaciones, entonces Floty me dijo si podía venir conmigo un tiempo y yo contento se lo dije a mis padres. Ellos extrañados dijeron que sí no muy convencidos. Todo el trayecto me lo pasé jugando con él, fue un viaje muy divertido. 

Pasaban los meses todo iba genial, hasta que un día llegando del colegio no encontré a Floty y era extraño ya que siempre me esperaba en mi habitación, me preocupé y se lo dije a mis padres, ellos con cara de preocupación me dijeron que me sentara en el sofá que tenían que hablar seriamente conmigo. 

Fui a sentarme y allí fue cuando no me podía creer lo que estaba escuchando. Me contaron sobre mi enfermedad y de qué se trataba. Entonces recordé a mi amigo y pregunté por él, sus palabras me sorprendieron y a la vez me entristecieron: “Rubén, tu amigo es un flotador que compramos en las vacaciones de Portugal, nunca fue real ese tal Floty, y para que te cures de tu enfermedad he guardado el flotador en un lugar secreto. Lo hacemos por tu bien”. Me sentía triste, pero los entendía tenía que recuperarme y hacer nuevos amigos reales, les di un gran abrazo mientras ellos decían que era lo correcto. 

Ahora ya, estoy curado de la enfermedad y cada vez que puedo subo al desván a ver aquel flotador de pato viejo y deshinchado que me hizo pasar la mejor infancia que un niño puede tener. 

Vero Pinilla 2n A d'ESO